REVISITANDO A ELOY SÁNCHEZ ROSILLO
El volumen integra diez poemarios completos más tres poemas entonces inéditos, trazando una trayectoria que va desde el intimismo elegíaco de sus inicios hasta la afirmación celebrativa de la madurez, una evolución que el propio señala en su nota preliminar.
El intimismo elegíaco que preside los libros Maneras de estar solo (1974-1977), Páginas de un diario (1977-1980), Elegías (1980-1983), Autorretratos (1984-1988) y La vida (1989-1995) se convierte en celebrativo, con La certeza (1996-2002) como libro bisagra, en Oír la luz (2002-2007), Sueño del origen (2007-2009), Antes del nombre (2009-2011) o Quién lo diría (2011-2014), y ha tenido continuidad en los libros posteriores a esta recopilación.
En su primer libro, Maneras de estar solo, título que toma de un verso de Pessoa, se hayan poemas como "El poeta" o "El poema") que establecen una poética de la soledad y la revelación. El poeta se define como habitante de "la tierra de tu culpa, / la casa amarga de la soledad", pero portador de una herida luminosa: "Pero en tu pecho brillará una herida / y en tu dolor palpitarán los astros". Hay una conciencia dolorosa del paso del tiempo, como "De la tristeza del regreso" o "Mar".
Los dos siguientes libros, Páginas de un diario y Elegías, consolidan el registro elegíaco con una depuración progresiva del verso. Hay una contemplación más honda y sentida de la fugacidad, que adquieren una mayor madurez en los dos libros siguientes, aunque evolucionando también hacia una progresiva serenidad ante el tiempo.
Con La certeza, el tiempo se ve de otra manera: las cosas no solo son fugaces, también son, permanecen en su propio modo de estar. Esa es la certeza que se revela al poeta, y que puede celebrarse.
Ahí, gracias a lo revelado en este libro, empieza la segunda etapa, en la que el poeta, como revelan los títulos de ese período o de algunos de sus poemas, “oye la luz” (su percepción se afina hasta captar dimensiones inéditas de la realidad), va al “sueño del origen” de las cosas, “antes del nombre”, y “deja la puerta abierta” para que entren y salgan las cosas, “pero aquellas / que más amo conmigo permanecen” porque en el fondo nada muere o termina, sino que “gira, y torna / purificado a nuestro corazón”.
Y el libro acaba con un poemario cuyo título, Quién lo diría (2011-2014), anuncia un asombro, el asombro con que todo vuelve y se revela para ser celebrado.
El propio Sánchez Rosillo vuelve también a su obra renovado pero manteniendo sus principios estéticos y contemplativos. Sus poemas no excesivamente largos, de hecho cada vez más breves, tienen una musicalidad elaborada que sostiene y eleva a lenguaje poético una sintaxis clara y diáfana, de clara voluntad de hacerse entender, sin artificios aparentes, ni culturalismo ni hermetismo. Una aparente facilidad sustentada en un oficio cada vez más preciso.
Y lo que canta, más allá de su actitud ante ello, se repite, sin ser igual: el asombro ante lo cotidiano, la honestidad emocional, los efectos, la naturaleza, el paso del tiempo y las propias actividades de contemplar y escribir. Además de su costumbre a ofrecer al final de sus libros la fecha exacta en que fueron escritos sus poemas.
Una coherencia que hará que el título de Las cosas como fueron, cuando ya no pueda escribir, vuelva a serlo de una nueva obra completa, con los títulos que ha sacado y, esperemos, aún está por sacar.
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