APREHENDER EL INSTANTE CREATIVO


Siempre he fantaseado con el diálogo de mis obras escritas con algunas otras artes, principalmente la música, la pintura, la escultura, el cine...

Ya tempranamente, allá por la década de 1990, tuve la oportunidad de compartir exposición con la pintora e ilustradora finlandesa Haanelle Van-Aho, quien exponía los cuadros que habían servido de ilustración para portadas de libros de la editorial Minotauro. El lugar, el Centro Nórdico de Barcelona. El público en el día de la presentación, algún amigo, la pareja de dueños de Minotauro, y algunas ancianas que habían ido a degustar los canapés, casi de espaldas a los cuadros. El resultado: un extendido asombro ante los cuadros, merecido aplauso que emocionaba a todos menos a la pintora, quien, como artista genuina, ya andaba en otras búsquedas menos complacientes. Mis poemas, en deliberado pequeño formato, solo eran un complemento, feliz y agradecido acompañamiento.

En Sinestesia, uno de los locales en Barcelona en los que pervive la música en directo, experimenté la sensación a veces placentera, cuando la música matizaba mi melodía y no la enterraba, de la lectura de mis poemas o aforismos recitados con música.

Pero mucho antes, en tiempos de EGB, viví un momento de deliciosa amistad y sensación ingenua de arte total con Rafa Villalón, con quien llegué incluso a plantear una ópera. La vida nos separó y mucho después, ya muy maduros, nos ha vuelto a unir, él reconvertido en un excelente pintor, dejando la guitarra en el pasado, pero no la música. Con él, he experimentado un placer mayor que la exposición pública de mis obras, aunque la música improvisada en directo alrededor de mis poemas se le acerca: la de pillar las obras en su momento creativo, en sus dudas, las suyas y las mías, sus ojos y los míos.

Qué placer y qué privilegio que de vez en cuando un aforismo mío o un verso se cuele en ese proceso creativo y a la vez tan ajeno.
Y más en este caso, en que se ilustra un instante de creación en el taller con un aforismo sobre el aprehender egoísta y particular de los instantes que nos conmueven.

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