ANA MARIA MATUTE. ESCRITORA Y DIBUJANTE

En este año de centenarios de escritoras muy afines como Ana María Matute y Carmen Martín Gaite se suceden los actos conmemorativos. En la biblioteca pública Jaume Fuster ha tenido lugar una pequeña pero muy interesante muestra de la primera, con documentos de todo tipo y sus dibujos, un arte que le acompañó toda su vida, desde pequeñas ilustraciones en esbozos hasta las pinturas con los personajes de Olvidado Rey Gudú. Inaugurada en junio de 2025 se prolongará hasta el 11 de enero de 2026.

Aunque los plafones ofrecen una información un poco repetida y desordenada de su vida personal y literaria, la exposición comisariada por Mari Paz Ortuño Ortín, con la colaboración de varias instituciones, da un variado repertorio de objetos, libros, cartas, fotos y dibujos de la autora, acompañados por su voz en cada una de las paradas.


Objetos como su máquina de escribir o cuadernos en los que se mezclan, se complementan dibujo y escritura, se entrelazan con momentos de altibajos emocionales de una mujer que quiere brillar en un mundo de hombres. Una de las joyas de la exposición es el repertorio de hojas de censura y de recortes de periódico como el que afirma que la señorita Ana María Matute ha ganado el premio Planeta por delante de varones ilustres, todo un titular de época.


La exposición fue una excusa para recordar los dos momentos en que tuve la oportunidad de ver en persona a la escritora. La vi en un acto oficial que reunió también a Eduardo Mendoza y Juan Marsé y otros para hablar de la posguerra. Fue una maravilla escucharla y escucharles hablar de bombardeos y penurias varias. Eso sí, después de que  la Matute provocara la carcajada por su sordera: cuando intervino por primera vez había pasado casi media hora, y al parecer había desconectado de lo que se había dicho.

Igual de desconectada del mundo parecía en el bar Pinochia de Barcelona al que yo solía ir a comer. Ensimismada con su tortilla y su zumo. No me gusta molestar a los creadores en esos momentos en que parecen estar creando y me limité a verla desde la barra, con ese bello pelo blanco.
No me arrepiento de no haber roto ese momento que parecía suspendido en el aire.


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