EL DÍA QUE VI A CARMEN MARTÍN GAITE

Hoy voy a hablaros del día que vi dos veces en Barcelona a la escritora Carmen Martín Gaite, este año que está tan presente por los números eventos dedicados a su centenario. Gracias a las hemerotecas, en este caso la digital de LA VANGUARDIA, pude situar hace años esta anécdota en el tiempo: viernes, 10 de marzo de 2000. Siempre he recordado que fueron unos pocos meses antes de morir (lo hizo en julio), lo que aún le da un matiz muy especial.
Dos actos muy distintos. En el primero, Elsa Martinell, una de sus estudiosas, le acompañaba en un acto formal, con mesa elevada frente a una amplia audiencia en un salón de actos, junto a otros ponentes. Me emocionaba verla desde la distancia y escuchándola a ella hablar sobre su obra, en especial de su teoría y práctica del cuento. En este tipo de actos recuerdo que solía tener yo una sensación paradójica: ver al escritor más pequeño me hacía sentir, al contrario de lo que pudiera parecer, también muy pequeño. Crecido eso sí en la emoción, pero difuminado entre el público.

Más íntimo fue el acto de la tarde. En una sala del Ateneo de Barcelona. Leyó poemas de la edición del libro más CD con sus poemas, que, como he recuperado de ese día de la hemeroteca, "reflexionan sobre la vida que pasa y lo que pasa en la vida".
También el artículo digitalizado, al que ahora solo se puede acceder por suscripción, me recuperó la memoria de la foto que se hizo junto a la ventana después de la lectura,. Vi allí, aunque de baja calidad, el resultado de esa foto. Pero mi memoria trabaja para ponerla en movimiento, escuchar a Martín Gaite hablar del frío de la sala, a la fotógrafa, a nosotros, y del día intenso que ha tenido, que ya está mayor y que cualquier día se muere).
La portada del libro de poemas también es un buen reclamo para la memoria de ese día, de esas lecturas. De tanto en cuando saco el libro del estante y lo toco y lo miro: es un libro bien editado. La más de las veces no lo abro. No porque crea que sus poemas no están a la altura de su narrativa, sino porque ese libro y otros muchos de la biblioteca me sitúan en un momento del tiempo y me sitúa allí mismo, en el día después de ese momento, en la crónica de mi hemeroteca personal.

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