LEER Y ESCRIBIR LA POESIA: 50 POETAS DEL MUNDO NOS MUESTRAN CÓMO ENSEÑARLA

En 2005, la UNESCO publicó un documento que recogía las reflexiones de aproximadamente 50 poetas de 25 países y cinco continentes sobre cómo enseñar poesía en las aulas de secundaria. No se trata de un manual pedagógico convencional escrito por especialistas en educación, sino de la voz directa de quienes viven y crean poesía cada día.
Como advierte la propia introducción del documento: "La finalidad de este proyecto no es evaluar ni comparar las ideas presentadas por los diferentes poetas. Cada persona que use esta publicación, en cada parte del mundo, probablemente encontrará útiles diferentes secciones por diferentes razones".

La primera pregunta qué lanza tiene que ver con la finalidad de la poesía, algo que niega la poeta húngara: "No creo que exista una finalidad general de la poesía fuera de la auto-expresión de cada poeta", al igual que Bernard Dadié, de Costa de Marfil: "La poesía no tiene finalidad alguna. Es la libertad total. Es un lenguaje esencial, unidad de inspiración". Otros, en cambio, sí tratan de acercarse a otorgarle una finalidad vinculada a lo expresivo y a lo cognitivo. Para Paul Muldoon, poeta irlandés radicado en Estados Unidos, la poesía es "como una manera de darle sentido a este mundo, no difiere de la biología como sistema de revelación".
El etíope Berhanu Gebeyehu ve en la poesía un instrumento para la paz: "permite a los jóvenes dar sentido a su vida" y "les enseña los valores, actitudes, comportamientos y formas de vida que consolidan la coexistencia pacífica".
Salah Stétié, poeta libanés afincado en Francia, ofrece una definición lírica: "La poesía no explica la vida. Ella da vida a sentir y a ver. Usando las palabras de la lengua, el poema procura dar una equivalencia a una situación dada, vivida o soñada, y la finalidad de toda poesía es la captura de un instante de lo real, tal y como es, y en su prolongación imaginaria y/o espiritual".

La segunda pregunta de la UNESCO plantea cómo afrontar la dicotomia poesía y prosa.

Para los poetas árabes y africanos, el rasgo característico es la musicalidad y el ritmo. Por ejemplo, Abdulaziz Saoud al-Babtain, de Kuwait, señala: "La diferencia entre el lenguaje poético y el prosaico es que en el primero predomina la musicalidad, el ritmo, la métrica y la rima".
Ghazi Al-Gosaibi, de Arabia Saudita, amplía: "El tema no concierne solamente el lenguaje. La poesía difiere de la prosa por su musicalidad (rima), su cadencia (ritmo), y por la transparencia y simbolismo de su lenguaje". Algo parecido opina el etíope Haddis Wolde-Eyesus quien afirma: "El lenguaje poético es conmovedor y suscita sentimientos tiernos. Su expresión es breve, pero poderosa. El lenguaje de la prosa es más o menos prolijo y monótono".

Los poetas más del ámbito europeo cuestionan esa distinción y piden más centrarse en distinguir entre lenguaje utilitario y creación poética, ya sea está en verso o prisa. Una reflexión al respecto muy interesante es la del búlgaro Lubomir Levtchev. Para él, la clave no está en la forma sino en la transformación del lector: "La poesía busca transformar, metamorfoseando al lector en un ser distinto al que era al iniciar la lectura [...] esta relación será intensamente activa en vez de pasiva como suele ser la prosa novelada". También es digna de interés la opinión del poeta libanés en lengua francesa Salah Stétié, que ofrece una distinción filosófica: "La prosa ofrece los instrumentos necesarios para analizar, vincular los efectos y las causas, comprender intelectualmente los motivos y recursos, el porqué y el cómo de los seres y de las cosas. La poesía se contenta con mostrar violentamente los seres y las cosas en su propia luz, sin indicar ni el cómo ni el porqué. 'La rosa no tiene porqué', dice Ángelus Silesius".

Las siguientes tres preguntas abordan ya el tema de las experiencias pedagógicas concretas, muy variadas, pero que convergen en los siguientes puntos de coincidencia, de consenso:

1. La poesía debe vivirse, no solo analizarse. Como dice Paul Dutton: "La poesía no se usa, sino que se vive físicamente a través de la vista, el oído y la reacción del cuerpo al ritmo y al compás. La poesía no es un instrumento que se usa de manera pragmática, sino un arte para alimentar el espíritu".
2. La oralidad es fundamental. La poesía debe escucharse y recitarse.
3. La participación activa es esencial. Los estudiantes no deben ser receptores pasivos sino creadores activos.
4. El profesor debe ser apasionado y auténtico. Él también debe amar la poesía.
5. La poesía conecta con otras artes y con la vida cotidiana.
6. Partir de lo cercano para llegar a lo universal.

Es decir, que la poesía ha de verse, tanto desde el profesor como desde los alumnos, como algo no impuesto, no únicamente académico, no memorizable sino practicable y placentero, vinculado a lo musical pero también a la expresión y a lo cognitivo.



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